Iban Espadas, el héroe de Vitoria, volvió a ejercer de matagigantes

Iban Espadas ha pasado de villano a héroe en apenas siete días. El delantero vasco, que estuvo una vuelta entera sinanotar un solo tanto, apareció en escena ante el Celta B en Pasarón. Ese día rompió su maleficio al marcar el tercer tanto del Pontevedra, que a la postre sirvió para enganchar al equipo granate a la lucha por meterse en la fase de ascenso. El ariete se echó las manos a la cabeza en señal de que no se creía que su cabezazo había entrado por la escuadra y los aficionados se volcaron con él.

El bueno de Iban Espadas, que tuvo pie y medio fuera del club en el mercado invernal, se creció, recuperó la titularidad y pasó a tener el peso específico en el equipo que se presuponía cuando aterrizó a orillas del Lérez.

No obstante, su consagración no llegó hasta el último partido de liga. En Vitoria empezó a rentabilizar su fichaje con el tanto que metió al Pontevedra en el camino del retorno al fútbol profesional. Y ayer volvió por sus fueros al abrir la lata ante el Real Oviedo; y de que manera lo hizo. El vasco culminó un servicio de Igor de cabeza con un disparo cruzado ante el que nada pudo hacer Aulestia. Pasarón explotó de júbilo e Iban Espadas se quitó de un plumazo el San Benito de refuerzo fiasco.

Su gol fue fundamental porque el cuadro asturiano se vio obligado a cambiar de planes, tuvo que abrirse y los granates dispusieron de los huecos que tanto le gustan para crear superioridad en ataque. La pena fue que Igor, con un disparo que se marchó fuera por centímetros, y Charles, cuyo lanzamiento sacó el ex granate Jorge Rodríguez bajo palos, no acertaron a dar el estocazo definitivo al Oviedo.

La nueva estrella del Pontevedra pasó un poco más desapercibida en la segunda mitad y Alfaro terminó por retirarlo del terreno de juego para conservar el 2-1, que hace creer firmemente en la clasificación para la segunda eliminatoria de ascenso. Eso sí, el vasco dejó otra perla antes de marcharse a los vestuarios. Sirvió una gran asistencia a Charles, que no precisó su remate.

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